El teatro es un juego

Cuando los niños se levantan de la siesta y pasan por la sala grande, en la que hacemos teatro, siempre miran, al acecho de un cambio, una tela nueva, un mural distinto…, cualquier señal que pueda traducirse en: «hoy es viernes, hay teatro».
Y es que verdaderamente, el teatro en nuestra escuela es disfrutado, vivido…, esperado y ¡hasta soñado!, porque es un teatro disfrazado de juego, una mezcla de fantasía y realidad que se transforma en provocación, en deseo de más, en auténtico material de vida.
Es un teatro lleno de sensaciones, sugeridor de lo nuevo, implantador de símbolos, conmovedor de los sentimientos que bullen en el interior de cualquier niño. Un teatro alegre, más intuitivo que intelectual, juguetón y festivo, que invita a participar, a ser vivido gozosamente.

Es un lugar donde se encuentran los miedos, los sueños y las risas de todos, llenando una bolsa común donde quedan diluidos los pesares y convertidos en calma, en «aquí no ha pasado nada», en… «El lobo ha muerto»

El teatro en la escuela puede constituir fiesta, alegría y juego. Algo sencillo, capaz de generar placer y aprendizajes.