Música:
"Recuerdos
de la Alhambra" Francesc Tàrrega
M.C.D.
Viviendo y aprendiendo
Aprender es como alimentarse, llenarse,
comer, y nace del más puro instinto de vida, de esa
curiosidad adaptativa, de ese “salir a mirar” y a tomar
de la realidad aquello que nos hace falta, que nos
beneficia, que nos da placer. Aprender es coger,
aprehender, hacer nuestro algo que no teníamos, que nos
faltab
a,
y que, presumiblemente, nos va a dar satisfacciones y
fuerzas. Así de primitivo es el asunto, aunque lo
revistamos de objetivos, de currículos, de libros, y
demás cosas sublimes.
Cada niño adopta diversas actitudes ante el aprendizaje.
Pone diversas caras, maneras de mirar, de atender,
posturas, palabras. Hay quien siempre está dispuesto,
quien tarda o remolonea, quien se entusiasma. Hay quien
aprende escuchando, observando, actuando, pensando,
manipulando, imitando, inventando... Hay quien se lanza
a tocar, a preguntar, a proponer, a comentar lo que sabe
sobre el tema, confiado en que “puede”. Hay quien se
asusta, rehuye la mirada, se bloquea, se esconde,
pensando que no podrá. Hay quien permanece callado y
atento, bebiendo del exterior todo lo que le va llegando
para hacerlo suyo. Hay quien parece que no escucha, ni
mira, pero también está activa y curiosamente implicado.
Visto de esta manera, entiendo mejor que los niños
cuando hablan de lo que desean aprender incluyan cosas
en las que yo nunca hubiera pensado. Ellos dicen que
quieren aprender “a correr muy deprisa”, “a leer”, “a
hacer la comida”, “a perder”, “a ser un chico”, “a
pensar” “a conducir”, “a tener un amigo”, “a esperar”,
“a saber si va a llover o va a hacer sol”, “a aguantar”,
“a no quererlo todo”, “a no hacer los números al revés”,
“a cocinar magdalenas con canela”, “a hacerle caso a
mamá”...
Según voy comprobando se aprende desde “el piso de
abajo” afectivo. En cierto modo es como si cada cual
siguiera su propio hilo de intereses, deseos,
necesidades, preocupaciones o alegrías y fuera dando
respuestas a todo ello poquito a poco. Como si lo
interno fuera lo que marcara los caminos del
aprendizaje, haciendo al niño investigar aquí o allá,
relacionar así o asá, escuchar esto o lo otro.
A mí me gusta ver cómo los niños aprenden desde sí
mismos, desde la relación con los demá
s
y conmigo, desde los juegos, desde sus familias... Me
gusta descubrir que alguien enseña lo que sabe a los
compañeros, como Alfredo que enseña a sus amigos “lo que
tiene dentro cada número", Iván que les habla de los
barcos o Unai que les explica la vida y los milagros de
los cocodrilos. Me gusta verlos transitar autónomamente
en temas de su interés, como el pasado año con el coro
que formaron cinco niñas y que hizo descubrir a los
demás cómo hay que organizarse, colocarse, ensayar y
entonar para formar un coro.
Pero sobre todo disfruto viéndolos cuando empiezan a
lanzarse a leer y escribir, después de haberse
alfabetizado en sus propios nombres, en los nombres de
los amigos, y de la familia, en los personajes de los
cuentos, en las palabras que coleccionamos en clase...
Me hacen mucha gracia las notas o bromas que en esos
empezares, les dedican a los amigos: "HÉCTOR, ERES MI
MEJOR NOVIO", “CARA TORTILLA”, “FIDEO”, "EVA TE VEO MÁS
GUAPA QUE ANTES DE LAS VACACIONES".
Las cariñosas cartas para la familia: MAMÁ, SÉ LEER,
PAPÁ ERES BUENO, MAMI FLOR, TE KIERO, TETE TE PERDONO
POR QUITARME LA SILLA.
O las quejas que formulan a veces “para quien las pueda
oír”: "KIERO" IR A CASA DE LUIS, NO "BOI" A NATACIÓN
MÁS, NO ME PONGAS PESCADO DE CENA.
Como dije una vez:
“Aprendizaje por ósmosis, por absorción
del afuera. Aprendizaje por transmisión directa o
indirecta, consciente o inconsciente. Aprendizaje
calmado, valiente, tímido o entusiasta,
alegre...Aprendizaje en la casa, en la escuela, en la
calle, en los libros, en la televisión, en el juego.
Aprendizaje en soledad o en compañía, pero aprendizaje
siempre si se está vivo. Desde el puro principio y hasta
el final”