NUESTRACALLEES
ESCUELA INFANTIL AIRE LIBRE
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NUESTROCOLEESASI

El patio de mi escuela es particular

El tiempo de recreo es un momento privilegiado de aprendizaje y socialización. Sobre todo cuando existen patios pensados para desarrollar diversas actividades lúcidas y creativas.

Si consideramos el espacio en un proyecto pedagógico que tiene como objetivo fundamental la autonomía (no la de lavarse solos las manos, sino la de relacionarse con los demás, la de manejarse ante la realidad, la de atreverse a pensar y a actuar…), resultará sencillo imaginar cómo estará concebido el espacio que ofrecemos a los niños de nuestra escuela y el porqué de su distribución concreta, de los lugares, los materiales y las actitudes al respecto.

Centrando el tema en el espacio exterior, en «el patio», trataré de esbozar estos porqués e ilustrarlos con algunos de los tantos acontecimientos que se dan en el patio un día cualquiera.

¿Cómo es nuestro patio?

 Por suerte, bastante grande. Tiene una superficie de 4.500 m². En él hay plantados 148 árboles, agrupados en dos bosquecitos, una pinada y una chopera, y jacarandas, plátaneros, sauces, palmeras, almendros… También hay rosales, enredaderas, romero, tomillo, flores…

Tiene dos «areneros», dos zonas separadas de «aparatos»: toboganes, castillos, tubos de cemento de colores, un tren, casitas… Hay diferentes tipos de suelos, y todos ellos bastante irregulares. La mayor parte son de tierra, también hay aceras con baldosas, una “placeta” para los más pequeños con pavimento de seguridad, y como «estrella» importante, una montaña «verdadera».

Hay ruedas de coche para jugar, cubos y palas, cajones de fruta, molinitos de viento, bicicletas, pelotas… El patio rodea por completo la parte edificada de escuela y le da muchísima vida. Nos sirve para…«casi todo», incluso para darnos nombre: «Aire Libre».

El espacio desde el niño

 Sabemos que «todo conocimiento, acción… se desarrolla en un espacio y en un tiempo. Pero ninguno de estos dos son desde el comienzo tal como son, es decir, que las estructuras mentales del individuo sufren un proceso de  construcción en sus intercambios con el medio. El espacio y el tiempo, como otras nociones, tienen una elaboración paulatina hasta que se acercan a lo que objetivamente son, a la noción que tienen los adultos de ellos. En los primeros años el espacio es como el individuo puede aprenderlo: es donde se hace, es donde se ejerce la acción». (Sparza y Petroli: La psicomotricidad en el jardín del infante, pp. 55-56.)

Y en los niños en edad preescolar la  construcción del espacio viene dada por las acciones motoras directas que, una vez son internalizadas, se combinan entre ellas, y constituyen sistemas representativos, que llegan a organizarse en operaciones, hasta que por fin van concibiendo el espacio. «Como un continente, compuesto por una trama de subespacios donde es posible localizar sitios. En ellos se encuentran los objetos, que permanecen, se mueven, ocupan lugar, se llenan o dejan vacíos. » (Sparza y Patroli: La psicomotricidad en el jardín de infante, pp 57-58.)

Y la clave para la equilibrada elaboración del espacio siempre está en el saber ver que el punto de partida es el propio niño, y sólo en su placentera interrelación con el medio que le rodea, sin imposiciones para su libre exploración, estará el éxito del «dominio espacial», del gusto por el movimiento, del gozo por el aprehender lúdicamente la realidad.

Objetivos

 Esta exploración placentera y autónoma de cara a la construcción interna del espacio es un objetivo «a lo grande», pero si se desciende al polvoriento patio, entonces hay otros objetivos más «de a pie»:

-       Entrar en contacto con la realidad física (forma, tamaño, zonas, tipos de suelo, arboleda…).

-       Acercarse intuitivamente al conocimiento físico elemental (juegos de agua y de arena, luces y sombras, peso, velocidad, altura, puntería…).

-       Apropiarse poco a poco de las cualidades de los objetos, de sus relaciones y propiedades, tanto de los naturales (árboles, insectos…) como del resto (ruedas, bancos, pelotas, balancines…).

-       Favorecer el control postural y el dominio de los movimientos naturales (marcha, salto, carreras…), así como la interiorización del esquema corporal (juegos de charcos, sombras, juego psicomotor, exploración libre…).

-       Aprovechar las cualidades del entorno para madurar cualquier aspecto, (nociones espaciales, habilidades manuales, actividades de conocimiento físico, etc.).

-       Iniciar la simbolización gráfica a partir de la tierra misma, en la que se señalen caminos, grafías, formas, cerramientos…

-       Mantener una actitud de observación, abierta y permisiva ante el diferente modo que cada niño elige de exploración y búsqueda, según sus necesidades individuales (de silencio o de ruido, de juego tranquilo o violento, de lentitud o rapidez, de extroversión o introversión, de soledad o compañía…)

-       Potenciar el encuentro y la cooperación en los juegos de grupo (escondite, tranco, «cuatro esquinas», pillar…), en las fiestas, bailes…

-       Atender y dar buena acogida a las investigaciones y ensayos de los niños en contacto con el medio (hacer «trampas», dibujar apartando la tierra, tirar objetos al tejado o los árboles para «colgarlos», o para que caigan y recogerlos «al vuelo»…).