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  Fotografías del proyecto "Los colores de la tierra"    -   Entrar

                                                               

Los colores de la tierra
Proyecto colectivo de acercamiento al arte en torno a la naturaleza

 

Todo empezó en el verano, cuando llegó una visita a la escuela que nos fue muy significativa. Se trataba de Javier Abad, artista y profesor de expresión plástica, y su mujer Ángeles Ruiz de Velasco, psicomotricista y profesora de Didáctica de la Educación Infantil de la E. U. La Salle de Madrid.

Ellos querían ver la escuela, y nosotros queríamos alguna pista para el proyecto de arte que hacemos en el mes de enero desde hace unos años. Así que hicimos un canje. Javier nos propuso emprender algún trabajo que tuviera relación con los procesos, con el cambio que se produce en las cosas y que les modifica el aspecto. Hablaba de un arte pobre, pero muy rico y muy cercano a los niños.

Seguimos conversando y vimos que sería bueno decantar el tema hacia la naturaleza y el arte. Y entonces Javier nos explicó que había un movimiento que se llamaba Land art, en el que los artistas hacían sus obras con ramas, hojas, piedras, flores y demás elementos naturales. Nos describió algunos de ellos con fuerza y admiración y eso nos despertó las ganas de seguir por ese camino. Quedamos en inspirarnos en artistas contemporáneos y también en averiguar todo que pudiéramos en los libros y en la red. Este tipo de proyectos artísticos que hacemos de unos años aquí hablan de una manera determinada de estar en la escuela, de unas formas, de un pensar y un sentir el hecho educativo, y tiene que ver con incluir en nuestro trabajo la dimensión cultural y social que supone la sensibilización de los niños hacia la belleza.

La escuela se fue poblando de nuevos elementos, algunos de los cuales nos acompañan habitualmente en el patio, pero que ahora pasaban al interior de las aulas con una nueva categoría: servían para hacer cosas bonitas, además de servir para jugar ¿O será que jugar y hacer cosas bonitas son cosas parecidas? ¿O será que el juego con los elementos naturales deviene en belleza? Una mañana planteé a mis alumnos unas preguntas en este sentido, que ellos contestaron así:

¿Por qué los artistas hacen arte?

  • Se lo inventan
  • Porque les gusta
  • Porque les dan ganas
  • Porque lo ven en los bosques y en los campos, y quieren hacerlo ellos
  • Porque lo piensan, que yo de esto sé muchísimo
  • ¿Sí? A ver, pues explícanos lo que tú sientes cuando haces algo bonito (Maestra)
  • Yo siento que pintar es cristal
  • Yo siento que estoy en el campo
  • Yo me siento bien
  • Yo creo que estoy en la playa tomando el sol
  • Yo siento que estoy en un bosque
  • Yo en una selva
  • Yo siento que vuelo
  • Yo que estoy en un bosque pintando rayos con el ordenador
  • Yo siento que salto de nube en nube, y que me acuesto en la luna
  • Yo que voy saltando por el sol

¿Y por qué será que a las personas nos gustan las cosas bonitas?

  • Porque lo feo tiene rayajos y cosas malas
  • Porque da emoción
  • Porque te quedas “flipao”
  • Y “paralizao”
  • Yo me llevaría a casa lo bonito
  • Yo no quiero que se acabe
  • Como yo, que las fresas me las dejo para el final para que no se me acaben

 

Artista invitado: Javier Abad

El padrino de nuestro proyecto vino a principios de febrero a ver lo que habíamos hecho, y a hacer una instalación de Land Art ante nuestros maravillados ojos. A los niños les habíamos contado algo de su vida. Que le dieron un premio de pintura cuando era pequeño, que tenía dos hijos, que venía desde Madrid, que era profesor de una universidad madrileña, y que pintaba y hacía espacios artísticos muy modernos. El artista invitado primero se paseó por la escuela para mirar y admirar. Después se presentó a los niños y respondió a sus preguntas con mucha sencillez y cariño, haciéndose entender muy bien, y cuidando el valorar a cada cual en su particular interés.

A continuación se dispuso a realizar en el patio una obra de arte (así la nombraban los niños). Con los pies fue marcando una gran espiral. Con los pies y con la ayuda de unos cuantos niños que lo seguían. Una vez dibujada la forma, se puso a cavar un hueco de unos 20 centímetros de profundidad, en el que los niños más mayores de la escuela enterraron unos papelitos en los que habían escrito sus deseos, según les había pedido Javier. Encima de los deseos echaron alpiste, y luego tierra negra y agua.

La escena vista en su conjunto parecía un hormiguero, niños y artista de un lado a otro sembrando y acarreando. Al ver al artista colorado y sudoroso, Alejandro le preguntó si estaba "enojado". Él dijo que no, que si estuviera enojado no estaría sonriendo, y que simplemente estaba cansado de cavar. Cuando nos quisimos dar cuenta, se había hecho la hora de comer, así que lo dejamos solo y se quedó ultimando su obra.

El momento final fue realizado, pues, en soledad. Javier echó un colorante azulón encima de la espiral de tierra negra que produjo un efecto realmente precioso. Cuando los niños terminaron de comer y fueron a mirar el caracol... ¡lo encontraron azul! y se pusieron a aplaudir espontáneamente, hecho que causó mucha emoción al artista. ¡Es muy bonito!, le decían ¿Cómo lo has hecho? ¿Van a crecer nuestros deseos? ¿Cuándo me saldrá el mío, que es tener un camello?...

Por la tarde Javier nos dijo que estaba muy contento de haber venido, que se había sentido muy bien acogido por niños y mayores, y que nos felicitaba tanto por nuestro proyecto de arte, como por el ambiente de nuestra escuela.

-"Toda la escuela está impregnada en el proyecto. Vosotras, los niños, las familias. Al entrar a la escuela ya las paredes y los suelos hablan de vuestra tarea artística. Habéis trabajado sobre un arte de hoy y emprender un proyecto de arte contemporáneo es importante. Por las cosas que me vais explicando me doy cuenta de que ha habido bastante flexibilidad y libertad a lo largo de la preparación y puesta en marcha del proyecto y eso determina los buenos resultados obtenidos.

Creo que habéis trabajado con creatividad y soltura, y eso viene gracias al proceso que habéis llevado de unos años aquí. Habéis incorporado criterios estéticos y los habéis unido a los pedagógicos, habéis ganado en sensibilidad y en búsqueda de estrategias adecuadas a las edades de los niños con los trabajáis. Habéis escogido muy bien los materiales. Yo que conozco las obras originales, he quedado admirado al ver las recreaciones de los niños, ya que en algunos casos eran aún más bonitas y más frescas que las de los propios artistas.

Además he visto que los niños saben que están haciendo cosas bellas y esto se lo habéis transmitido vosotras. Me ha parecido bonito ver que los niños respetan lo que se hace, que lo valoran y lo cuidan.

Habría que darle difusión a esta propuesta. A veces necesitamos fijarnos en lo que han hecho otros para perder un poco el miedo y lanzarnos a realizar propuestas nuevas. Sería bueno para otros maestros que contarais vuestra experiencia.

Para mí ha sido un gusto haber estado implicado en los primeros momentos de la elección del proyecto y también en los últimos con esta visita para ver nuestras obras.

Agradecimos a Javier su valoración y le expresamos lo importantes que han sido para nosotras sus orientaciones, sus ánimos y su guía. Ha sido un excelente mediador entre el arte natural, y nosotras.

Unos días después la madre de Carla y Ada nos pasó esta conversación entre sus hijas. En ella la pequeña explicaba a la mayor lo que había pasado en este día memorable.

   -Hoy ha venido un artista a mi cole.
   -¿Cómo se llama?
   -Javier
   -¿Y qué hace?
   -Ha excavado un caracol, lo ha llenado de papeles, semillas y tierra, y cuando hemos vuelto del comedor estaba azul
   -Eso es arte de magia.
   -No, ése es arte del otro.
   -Entonces lo que pasa es que se han mezclado los colores y se ha puesto azul.
   -Lo que pasa es que se ha hecho un mar acaracolado.

Y ha resultado que al artista le ha gustado este nombre y así ha quedado bautizada su obra: "Mar acaracolado".

 

                                                                                                                 Texto: Mari Carmen Díez
                                  
                                                                                          Fotografías: Remedios Picó