LOS DIBUJOS DE LOS NIÑOS

MIRANDOPORUNAGUJERITO_CABECERALos dibujos de los niños

Dibujarse es hacer una metáfora de uno mismo. Es un deseo de ser que es proyectado y mostrado en el afuera simbólico de los trazados. Es plasmarse, contarse, irse conociendo. Porque cuando el niño pinta, dibuja, modela, o construye está hablando de sí mismo. Lo vemos en todos sus productos, pero sobre todo si observamos una serie de ellos. Es como oír un discurso, como unos capítulos que “se siguen”, como autorretratos o autobiografías.

Producir en cualquiera de sus formas es derramarse, sacar fuera nuestra particular manera de percibir, de recordar, de sentir, de mostrar cuál es nuestro filtro, cómo transformamos las vivencias en materiales inéditos, recién nacidos, acabados de crear. Hacer aparecer un producto de la nada tiene un punto de magia, de sorpresa y de invento que produce una sensación placentera, activa, alegre, y llama a seguir, a volver a probar y a disfrutar.

Pero aunque se nace curioso, y ávido de placer, esos impulsos pueden quedar en nada si no se da paso a la expresión libre del niño. Si no se alienta, protege y espera el producto nuevo, o reinventado por cada cual. Y entonces, según se reciba ese nuevo producto, según se valore, se seguirá adelante…, o se dedicará uno a repetir lo conocido. Es igual que inventes una música, una palabra, o una manera de modelar una jirafa. Lo importante es tener la sensación clara de que puedes seguir inventando una y otra vez, y que ese camino abierto te va a llenar de satisfacciones.

A veces la alegría de probar, de curiosear, de jugar con los personajes o formas que aparecen en los dibujos, hace que el autor hable con ellos mientras los va dibujando. O que cante. O que sonría, O que se complazca al ver su obra. Sin embargo en otras ocasiones el miedo a equivocarse, a no contentar a los adultos, a no hacerlo todo tan perfecto como se desearía, lleva a algunos niños a frenarse y a bloquear su mano, su imaginación y su confianza. En cada caso será por un motivo, y se deshará, o se mantendrá de diferentes modos.

La mirada de los otros siempre será un importante punto de referencia y de apoyo para atreverse a avanzar, para confiar en las propias posibilidades, para notarse aceptado. No es cualquier cosa, pues, recibir un dibujo de un niño. En él va puesto su sello, su nombre, su estilo, su madurez, su gusto, su ser. Importante papel, pues, el de nuestra mirada de maestros o de padres. Ha de estar, ha de acoger.