Qué fuerte se aferra el niño a los brazos de su madre en sus primeros días de ir al colegio. Qué sensación de extrañeza, de pérdida y de miedo le invaden. Cómo insiste en mantener sus ritmos y lugares conocidos. Cómo le cuesta dejar la seguridad de sus padres y de su casa y lanzarse al “mundo exterior” tan tempranito…
Es un momento difícil, sí, pero sencillo de entender a poco que nos paremos a pensarlo. Las necesidades del niño pequeño son grandes y movilizadoras. El desvalimiento con el que viene al mundo apremia y convoca a que sus figuras familiares se dediquen en cuerpo y alma a establecer los vínculos y costumbres de crianza que irán estructurando su psiquismo temprano, a la vez que irán invitándole a crecer y desarrollarse en todos los sentidos. Leer más